Alegría, palabra que evoca euforia y júbilo, es una producción espectacular que traslada a una época en que la fantasía y la magia formaban parte de la vida diaria, una época en que el mundo de una persona se reducía a su familia y su pueblo, y más allá de eso, todo era desconocido.
Alegría es un carnaval, que recuerda los circos familiares ambulantes que recorrían Europa no hace tanto tiempo. Bufones, trovadores, mendigos, viejos aristócratas y niños constituyen este universo, junto con los payasos, los únicos que resisten el paso del tiempo y las transformaciones sociales que lo acompañan.
La historia del Circo del Sol comienza en 1982 cuando Guy Laliberté, un acordeonista y tragafuegos canadiense, cansado de recorrer el mundo entero con sus zancos, decidió reunir en Québec a un grupo de jóvenes artistas callejeros.
Alentados por el entusiasmo del público, el Circo propiamente dicho ve la luz en 1984 con el respaldo del Gobierno de Québec y basado en un concepto totalmente nuevo y muy alejado del circo clásico: una mezcla asombrosa de artes circenses con vestuarios extravagantes, con un efecto de luces mágico y un fondo original de música. Y todo ello sin contar con un solo animal.
Así nació el primer espectáculo del Circo del Sol: La Magia Continúa, que pronto comenzó a viajar, junto a una carpa entonces azul y con capacidad para 800 personas, por varias ciudades canadienses. Pero no es hasta 1987, cuando cruza la frontera para ir a EEUU, cuando su fama comienza a ser conocida en los círculos circenses y artísticos más importantes del mundo, especialmente tras el show ‘We reinvent the circus’.
En el año 1990, y en Montreal, el Circo estrena espectáculo nuevo –‘Nouvelle Experience’, que según los críticos sigue siendo el más vibrante de todos- y nueva carpa, la actual, con capacidad para más de 2.400 espectadores. Además, Laliberté decide cruzar el charco y el Circo llega a Europa. Dos años después se instala el primer espectáculo fijo, en Las Vegas, en el Mirage Hotel, y desde entonces, y a partir de ahí, los números crecen de manera exponencial.
En sus poco más de veinte años de experiencia, más de 40 millones de personas de casi todos los lugares del mundo han visto alguno de su espectáculos –nueve en la actualidad-, y actualmente la plantilla del Circo está formada por más de 600 artistas de 40 nacionalidades. Una amalgama que hace que en las ciudades andantes que recorren el mundo se hablen unos 25 idiomas, que los cocineros sepan hacer recetas de cualquier región del mundo y que, incluso, se haya normalizado en muchos comedores el utilizar los palillos para comer.
Pero Guy Laliberté sigue teniendo la misma visión y talento con el que comenzó su andadura circense. Supervisa personalmente todos los espectáculos antes de darles el definitivo visto bueno, y además puede decir, con orgullo, que ha contribuido a elevar las artes circenses al nivel de las grandes disciplinas artísticas. Y todo gracias a un grupo de saltimbanquis callejeros.
sábado, 26 de mayo de 2007
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